7/3/10

Cuentos y Leyendas Anónimos




SABIDURÍA INDÍGENA



Un viejo cacique de una tribu estaba teniendo una charla con sus nietos acerca de la vida.

Él les dijo:

"¡Una gran pelea está ocurriendo dentro de mí!... ¡es entre dos lobos!

"Uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor avaricia,

arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, egolatría,

competencia, superioridad.

"El otro es Bondad, Alegría, Paz, Amor, Esperanza, Serenidad, Humildad, Dulzura, Generosidad, Benevolencia, Amistad, Empatía, Verdad, Compasión y Fe.

Esta misma pelea está ocurriendo dentro de ustedes y dentro de todos los seres de la tierra.

Lo pensaron por un minuto y uno de los niños le preguntó a su abuelo:
"¿Y cuál de los lobos crees que ganará?"

El viejo cacique respondió, simplemente...

"El QUE ALIMENTES."

                                          



EL PORTERO DE LA FARMACIA


No había en el pueblo peor oficio que el de portero de la farmacia. Pero ¿qué otra cosa podría hacer Juan? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio.

Un día se hizo cargo de la farmacia un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio. Hizo cambios y después citó al personal para darle nuevas instrucciones. Al portero, le dijo: A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar un reporte semanal donde registrará la cantidad de personas que entran día por día y anotará sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio.

Juan tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero.....

"Me encantaría satisfacerlo, señor" balbuceo "pero yo... yo no sé leer ni escribir."

"¡Ah! ¡Cuanto lo siento!"

"Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida."

No lo dejó terminar..."-Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Le vamos a dar una indemnización para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte." Y sin más, se dio vuelta y se fue.

Juan sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. ¿Qué hacer? Recordó que en la farmacia, cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, él, con un martillo y clavos lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta conseguir un empleo. El problema es que solo contaba con unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Usaría parte del dinero para comprar una caja de herramientas completa. Como en el pueblo no había una ferretería, debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Que más da? Pensó, y emprendió la marcha.

A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. De inmediato su vecino llamo a la puerta de su casa. "Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme".

" Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como me quedé sin empleo..."

"Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano."

"Está bien."

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.

"-Mire, Juan, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?"

"-No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula."

"Hagamos un trato" -dijo el vecino- "Yo le pagaré los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Que le parece?."

Realmente, esto le daba trabajo por cuatro días... Acepto. Volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.

"-Hola, Juan. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?"

"-Sí...."

"-Necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, más una pequeña ganancia. Yo no dispongo de tiempo para el viaje. "

El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue. "...No dispongo de cuatro días para compras", recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que el viajara a traer herramientas. En el siguiente viaje arriesgó un poco más del dinero trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes. La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.

Una vez por semana, Juan, ahora corredor de herramientas, viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.

Alquiló un galpón para almacenar las herramientas y algunas semanas después, con una vidriera, el galpón se transformo en la primer ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Los fabricantes le enviaban sus pedidos. El era un buen cliente. Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en en la ferretería de Juan y evitarse dos días de marcha.

Un día se le ocurrió a Juan que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no?, las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Más tarde fueron los clavos y los tornillos....

Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años Juan se transformó, con honestidad y trabajo, en un millonario fabricante de herramientas.

Un día, Juan decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría, además de leer y escribir, las artes y oficios más prácticos de la época. En el acto de inauguración de la escuela, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo:

" - Juan, es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primer hoja del libro de actas de la nueva escuela... "

" - El honor sería para mí" - dijo Juan-. "Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto."

" - ¿Usted?" dijo el Alcalde, que no alcanzaba a creerlo "-¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir?"

" Yo se lo puedo contestar" - respondió Juan con calma -. "Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería portero de la farmacia."

Generalmente los cambios son vistos como adversidades. Las adversidades encierran bendiciones. Las crisis están llenas de oportunidades. Cambiar y adaptarse al cambio siempre será la opción más segura.


                                                   
 
Intente hacer un cuento.


Pasaba y la vi, era una niña con una sonrisa hermosa, su carita toda sucia y en sus ojitos

Se veía como una sombra de tristeza, estaba descalza, con sus piecitos chapoteando en el barro, saltaba, sonreía, mientras que sus pobres trapitos que la vestían se ensuciaban con el barro, quería acercarme , pero no quería interrumpir su juego se la veía feliz.

Pero no pude resistirme y me acerque con cuidado, no quería asustarla, la niña cuando me vio me saludo y me invito a jugar con ella, yo me sentí avergonzada, mire mis botas de cuero, mis medias abrigaditas y la desnudes de la niña, pero ella me tomo de la mano y me dijo ven a jugar , es divertido, entonces deje mis botas y mis medias a un lado y me metí en el barro con la niña que me miraba sonriendo, jugamos , nos salpicamos , nos ensuciamos y reímos juntas, y ya entrando en confianza le pregunte, y tu mamá, donde está?. Y la niña con una mirada triste me respondió.. no se donde está..., un día se fue y yo la sigo esperando, tenéis frío?, le pregunte, y me respondió, si, pero a mi me gusta jugar, me olvido que tengo frío, hambre y el tiempo pasa mas rápido mientras llegue mi mamá, la espero siempre con una sonrisa, no me gustaría que me vea triste, me conmoví, tan chiquita y con un corazón tan grande, no pensaba en ella, ella sonreía a pesar de sus tristezas , de su hambre , de su soledad. Estaba absorta en mis pensamientos cuando sentí una vos que me decía...... Mamá apúrate , ya va a comenzar la película, mire hacia atrás y era mi hija, le respondí ya voy, espérame un ratito mas, mire otra ves donde estaba jugando con la niña y ella no estaba, había desaparecido, solo estaba yo con los pie lleno de barro, con mi cara sucia, con una sonrisa y con mis ojos lleno de esperanza, seguí chapoteando en el barro, el frió no importaba, era como un momento mágico, mire a mi hija, y su rostro se veía feliz, y en ese momento comprendí que el pasado era parte de nuestras vidas, algo que fue, pero nosotros podemos mejorar nuestras vidas , siempre que nuestro corazón sea el protagonista principal, lave mis pies y me puse mis botas y mis medias, limpie mi cara sucia y le dije a mi hija , Hija , “hoy no te dije lo mucho que te quiero?”, y mi hija me respondió, si mamá, dale que nos perdemos la película, sonreí y le dije , si vamos , hoy es un día especial, ver la felicidad en nuestros seres amados reconforta el alma, y el pasado FUE,
 
                                             

Leyenda Japonesa

Hace mucho tiempo, una joven llamada Lili se casó y fue a vivir con su marido y su suegra. Después de algunos días, no se entendía con ella. Sus personalidades eran muy diferentes y Lili fue irritándose con los hábitos de la suegra, que frecuentemente la criticaba. Los meses pasaron y Lili y su suegra cada vez discutían y peleaban más.

De acuerdo con una antigua tradición japonesa, la nuera tiene que cuidar a la suegra y obedecerla en todo. Lili, no soportando más vivir con la suegra, decidió visitar a un amigo de su padre para que le ayudara a deshacerse de su suegra. Después de oírla, éste tomó un paquete de hierbas y le dijo:

- "Estas hierbas lentamente irán envenenado a tu suegra, pero no deberás usarlas de una sola vez para liberarte de ella, porque ello causaría sospechas. Cada dos días, pondrás un poco de estas hierbas en su comida. Ahora, para tener certeza de que cuando ella muera nadie sospechará de ti, deberás tener mucho cuidado y actuar de manera muy amigable. No discutas con ella, mejor ayúdala a resolver sus problemas. Recuerda tienes que escucharme y seguir todas mis instrucciones".

Lili respondió:

- "Sí, Sr. Huang, haré todo lo que usted me indique".


Lili quedó muy contenta, agradecida con el Sr. Huang y volvió muy apurada a su casa para comenzar el proyecto de asesinar a su suegra.

Pasaron las semanas y cada dos días, Lili servía una comida especialmente preparada para su suegra. Siempre recordaba lo que el Sr. Huang le había recomendado sobre evitar sospechas, y así controló su temperamento, obedecía a su suegra y la trataba como si fuese su propia madre.

Después de seis meses, la situación en la casa estaba completamente cambiada. Lili había controlado su temperamento y ya casi no aborrecía a su suegra. En estos meses, no había tenido una sola discusión con ella, y ésta ahora parecía mucho más amable y más fácil de lidiar. Las actitudes de la suegra también habían cambiado y ambas pasaron a tratarse como madre e hija.

Un día Lili fue nuevamente en procura del Sr. Huang, para pedirle ayuda y le dijo:

- "Querido Sr. Huang, por favor ayúdeme a evitar que el veneno mate a mi suegra. Ella se ha transformado en una mujer agradable y la amo como si fuese mi madre. No quiero que ella muera por causa del veneno que le di".

El Sr. Huang sonrió y le dijo:

- "Lili, no tienes por qué preocuparte. Tu suegra no ha cambiado, la que cambió fuiste tú. Las hierbas que te di, eran vitaminas para mejorar su salud. El veneno estaba en tu mente, en tu actitud, pero fue echado fuera y sustituido por el amor que pasaste a darle a ella".

Autor Desconocido

                                                     


Todos tenemos grietas!


Un cargador de agua de la India tenia dos grandes

vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba

encima de sus hombros. Una de las vasijas tenia varias grietas,

mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al

final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su

patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota solo tenia la mitad

del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde

luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues

se sabia perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la

pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su

propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía

hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le hablo al aguador

diciéndole:

"Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo

porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y

solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir."

El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente:

"Cuando regresemos a la casa quiero que notes las

bellísimas flores que crecen a lo largo del camino."

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas todo a lo

largo del camino,

pero de todos modos se sintió apenada porque al llegar, solo quedaba dentro

de si la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces:

"¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino?

Siempre he sabido de tus grietas y sembré semillas de flores a todo

lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por

dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el

altar de mi Maestro.

Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus

defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza."

Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas.

Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber

que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas

para obtener buenos resultados.


                                               

El cofre de vidrios rotos


Érase una vez un anciano que había perdido a su esposa y vivía solo. Había trabajado duramente como sastre toda su vida, pero los infortunios lo habían dejado en bancarrota, y ahora era tan viejo que ya no podía trabajar.

Las manos le temblaban tanto que no podía enhebrar una aguja, y la visión se le había enturbiado demasiado para hacer una costura recta. Tenía tres hijos varones, pero los tres habían crecido y se habían casado, y estaban tan ocupados con su propia vida que sólo tenían tiempo para cenar con su padre una vez por semana.

El anciano estaba cada vez más débil, y los hijos lo visitaban cada vez menos.

— No quieren estar conmigo ahora -se decía- porque tienen miedo de que yo me convierta en una carga.

Se pasó una noche en vela pensando qué sería de él y al fin trazó un plan.

A la mañana siguiente fue a ver a su amigo el carpintero y le pidió que le fabricara un cofre grande. Luego fue a ver a su amigo el cerrajero y le pidió que le diera un cerrojo viejo. Por último fue a ver a su amigo el vidriero y le pidió todos los fragmentos de vidrio roto que tuviera.

El anciano se llevó el cofre a casa, lo llenó hasta el tope de vidrios rotos, le echó llave y lo puso bajo la mesa de la cocina. Cuando sus hijos fueron a cenar, lo tocaron con los pies.

— ¿Qué hay en ese cofre? preguntaron, mirando bajo la mesa.

— Oh, nada -respondió el anciano-, sólo algunas cosillas que he ahorrado.

Sus hijos lo empujaron y vieron que era muy pesado. Lo patearon y oyeron un tintineo.

— Debe estar lleno con el oro que ahorró a lo largo de los años -susurraron.

Deliberaron y comprendieron que debían custodiar el tesoro. Decidieron turnarse para vivir con el viejo, y así podrían cuidar también de él. La primera semana el hijo menor se mudó a la casa del padre, y lo cuidó y le cocinó. A la semana siguiente lo reemplazó el segundo hijo, y la semana siguiente acudió el mayor. Así siguieron por un tiempo.

Al fin el anciano padre enfermó y falleció. Los hijos le hicieron un bonito funeral, pues sabían que una fortuna los aguardaba bajo la mesa de la cocina, y podían costearse un gasto grande con el viejo. Cuando terminó la ceremonia, buscaron en toda la casa hasta encontrar la llave, y abrieron el cofre. Por cierto, lo encontraron lleno de vidrios rotos.

— ¿Qué triquiñuela infame! -exclamó el hijo mayor-. ¡Qué crueldad hacia sus hijos!

— Pero, ¿qué podía hacer? -preguntó tristemente el segundo hijo-. Seamos francos. De no haber sido por el cofre, lo habríamos descuidado hasta el final de sus días.

— Estoy avergonzado de mí mismo -sollozó el hijo menor-. Obligamos a nuestro padre a rebajarse al engaño, porque no observamos el mandamiento que él nos enseñó cuando éramos pequeños.

Pero el hijo mayor volcó el cofre para asegurarse de que no hubiera ningún objeto valioso oculto entre los vidrios. Desparramó los vidrios en el suelo hasta vaciar el cofre.

Los tres hermanos miraron silenciosamente dentro, donde leyeron una inscripción que el padre les había dejado en el fondo: “Honrarás a tu padre y a tu madre”.


                                        


Como templar el acero


Durante muchos años un herrero trabajó con ahínco, practicó la caridad, pero, a pesar de toda su dedicación, nada perecía andar bien en su vida; muy por el contrario sus problemas y sus deudas se acumulaban día a día.

Una tarde, un amigo que lo visitaba, y que sentía compasión por su situación difícil, le comentó: "Realmente es muy extraño que justamente después de haber decidido volverte un hombre temeroso de Dios, tu vida haya comenzado a empeorar. No deseo debilitar tu fe, pero a pesar de tus creencias en el mundo espiritual, nada ha mejorado".

El herrero no respondió enseguida, él ya había pensando en eso muchas veces, sin entender lo que acontecía con su vida, sin embargo, como no deseaba dejar al amigo sin respuesta, comenzó a hablar, y terminó por encontrar la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero:

"En este taller yo recibo el acero aún sin trabajar, y debo transformarlo en espadas. ¿Sabes tú cómo se hace esto? primero, caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone al rojo vivo, enseguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo más pesado y le aplico varios golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada, luego la sumerjo en un balde de agua fría, y el taller entero se llena con el ruido y el vapor, porque la pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura.

Tengo que repetir este proceso hasta obtener la espada perfecta, una sola vez no es suficiente. "

El herrero hizo una larga pausa, y siguió: "A veces, el acero que llega a mis manos no logra soportar este tratamiento. El calor, los martillazos y el agua fría terminan por llenarlo de rajaduras. En ese momento, me doy cuenta de que jamás se transformará en una buena hoja de espada y entonces, simplemente lo dejo en la montaña de fierro viejo que ves a la entrada de mi herrería".

Hizo otra pausa más, y el herrero terminó: "Sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Acepto los martillazos que la vida me da, y a veces me siento tan frío e insensible como el agua que hace sufrir al acero. Pero la única cosa que pienso es: Dios mío, no desistas, hasta que yo consiga tomar la forma que Tú esperas de mí. Inténtalo de la manera que te parezca mejor, por el tiempo que quieras, pero nunca me pongas en la montaña de fierro viejo de las almas".


                                          


Crecer sin máscaras


En la tribu de los Wiza, para que los jóvenes fueran considerados adultos, debían ir al lugar sagrado donde se reunían los miembros del Consejo de ancianos de la comunidad y responder, delante de ellos, algunas preguntas.

Entre otras, habitualmente preguntaban por qué querían crecer. Las respuestas más comunes eran: para ir de caza, para tomar decisiones propias o para participar en los grupos de trabajo que llevan adelante la vida de la tribu.

Al finalizar la conversación, los ancianos presentaban una opción para que el joven manifestara su elección frente al planteo.

–Si para crecer tuvieras que dejar alguno de estos tres elementos, ¿cuál dejarías?

En ese momento, el jefe mostraba un arco, un cinto con un cuchillo y un juguete de la infancia; los jóvenes sabían que, obviamente, para pasar esa prueba tenían que decir que abandonaban en juguete de la infancia.

Sin embargo, cierta vez, le tocó el turno de presentarse delante del Consejo a Uruchi. Sí, la expresión justa es que «le tocó», porque había cumplido la edad, pero nadie creía que fuera capaz de pasar las pruebas. Uruchi andaba siempre corriendo de un lado para otro, con las manos y los pies llenos de barro ya que le gustaba jugar con el agua y la tierra. Era bastante atolondrado y acostumbraba a pasar, corriendo como un tornado, entre las carpas tirando lo que encontraba a su paso. Pero nada de esto impedía que Uruchi fuera muy querido. Tenía la virtud de hacer reír al más triste y, a su lado, todos se sentían bien.

Muchos lo invitaban a comer a su casa porque alegraba la comida con sus cuentos y sus bromas. Sin embargo, hasta sus familiares creían que todavía no le había llegado la madurez para hacer la prueba.

Cuando le mostraron el arco, el cinto y el juguete, Uruchi se quedó mirándolos. Luego, tomó el juguete en sus manos. Era su juguete preferido, un pequeño oso de madera tallado por su abuelo.

Acariciando el osito con sus manos, pensó: –¿Quién se habrá atrevido a sacarme este juguete de mi cuarto?

Mientras Uruci permanecía pensativo, uno de los ancianos tomó la palabra y dijo:

–Muy bien, felicitaciones. Vemos que estás preparado y dispuesto a dejar el juguete. Muchos creíamos que no lo podrías hacer.

Pero, para sorpresa de los adultos, Uruchi, poniendo un tono de voz realmente serio, que nadie creía que fuera capaz de utilizar, dijo:

–No pienso dejar mi oso, por eso lo agarré.

Se hizo un gran silencio, y las miradas se dirigieron al jefe.

Éste se paró y se acercó hacia Uruchi que, en silencio y mirándolo a los ojos, apretaba al oso contra su pecho.

–Algún día –dijo el jefe con voz clara y poderosa– llegarás a ser un gran jefe. Cuando quieras y puedas, te espero para que te sientes a mi lado en el Consejo.

–Gracias –fue la única respuesta de Uruchi. Luego se dio la vuelta y salió corriendo para dejar al oso en la repisa de su habitación.

Los adultos miraban asombradísimos la escena, sin poder comprender qué había ocurrido. El jefe reconoció sus expresiones y les explicó.

–Han pasado muchos años desde que hacemos esta prueba, y jamás un joven se atrevió a darnos esta respuesta. El arco y el cuchillo son elementos que se pueden reemplazar por otros. Lo que nunca debemos dejar atrás es lo que somos y los que fuimos. Uruchi no tuvo miedo de decir la verdad y reconoció el tesoro más grande para poder crecer bien: aquello que recibió en su infancia y sus recuerdos. Para alcanzar la plenitud de la madurez, en nuestro corazón siempre debe haber algo del niño que fuimos.


                                        

El billete


Pablo, con el rostro abatido de pensar, se reúne con su amiga Laura en un bar a tomar un café. Deprimido, descargó en ella sus angustias... que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación!... Todo parecía estar mal en su vida.

Laura introdujo la mano en su bolso, sacó un billete de 50 EUR y le dijo: ¿Quieres este billete?

Pablo, un poco confundido al principio, le contestó: Claro, Laura... son 50 EUR, ¿quién no los querría?

Entonces Laura tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo una pequeña bola. Mostrando la estrujada pelotita a Pablo, volvió a preguntarle: Y ahora, ¿lo quieres también?

Laura, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 50 EUR. Claro que lo cogeré si me lo das.

Laura desdobló el arrugado billete, lo tiró al suelo y lo restregó con el pie, levantándolo luego sucio y marcado. ¿Lo sigues queriendo?

Mira, Laura, sigo sin entender a donde vas, pero es un billete de 50 EUR, y mientras no lo rompas, conserva su valor...

Pablo, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee, sigues siendo tan valioso como siempre lo has sido...

Lo que debes preguntarte es cuánto vales en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado.

Pablo se quedó mirando a Laura sin atinar con palabra alguna, mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro.

Laura puso el arrugado billete a su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó: Toma, guárdalo, para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal... pero me debes un billete nuevo de 50 EUR para poderlo usar con el próximo amigo que lo necesite. Le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia la puerta.

Pablo volvió a mirar el billete, sonrió, lo guardó y con una renovada energía llamó al camarero para pagar la cuenta...

¿Cuántas veces dudamos de nuestro propio valor, de que realmente merecemos más y que podemos conseguirlo si nos lo proponemos?

Claro que no basta con el mero propósito... Se requiere acción y existen muchos caminos.


                                           

El plato de madera


El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.

La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían el alimentarse un asunto difícil.

Los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel. hijo y su esposa se cansaron de la situación. "Tenemos que hacer algo con el abuelo", dijo el hijo. "Ya he tenido suficiente". "Derrama la leche hace ruido al comer y tira la comida al suelo".

Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos su comida se la servían en un plato de madera.

De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado solo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.

El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo. Le pregunto dulcemente: "¿Que estás haciendo?"

Con la misma dulzura el niño le contestó: "Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos."

Sonrió y siguió con su tarea. Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla.

Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.

Esa tarde el esposo tomo gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupo un lugar en la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa parecían molestarse mas, cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben. Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitaran esa actitud por el resto de sus vidas.

Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de su hijo. Seamos constructores sabios y modelos a seguir.

He aprendido que puedes decir mucho de una persona por la forma en que maneja tres cosas: un día lluvioso, equipaje perdido y luces del arbolito enredadas.

He aprendido que independientemente de la relación que tengas con tus padres, los vas a extrañar cuando ya no estén contigo.

He aprendido que aun cuando me duela, no debo estar solo.

He aprendido que aun tengo mucho que aprender y que debes pasar esto a todos los que te importan.

Yo acabo de hacerlo.

La gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca como los hiciste sentir. No olvidemos nunca de donde venimos ni a donde vamos, Dios no hace acepciones de persona, el hace llover sobre buenos y malos, hace salir un sol sobre buenos y malos, por lo tanto valorémonos unos a otros no importando nuestras condiciones, social, económica, física y mental sino mirándonos siempre con ojos de misericordia y amor, respetándonos unos a otros.


                                       


EL LOBO Y EL PERRO


En busca de alimento

iba un Lobo muy flaco y muy hambriento.

Encontró con un Perro tan relleno,

tan lucio, sano y bueno,

que le dijo:

-Yo extraño

que estés de tan buen año

como se deja ver por tu semblante,

cuando a mí, más pujante,

más osado y sagaz, mi triste suerte

me tiene hecho retrato de la muerte.

El Perro respondió:

-Sin duda alguna

lograrás, si tú quieres, mi fortuna.

Deja el bosque y el prado;

retírate al poblado;

servirás de portero

a un rico caballero,

sin otro afán ni más ocupaciones

que defender la casa de ladrones.

-Acepto desde luego tu partido,

que para mucho más estoy curtido.

Así me libraré de la fatiga,

a que el hambre me obliga

de andar por montes sendereando peñas,

trepando riscos y rompiendo breñas

sufriendo de los tiempos los rigores,

lluvias, nieves, escarchas y calores.

A paso diligente

marchando juntos amigablemente,

varios puntos tratando en confianza,

pertenecientes a llenar la panza.

En esto el Lobo, por algún recelo,

que comenzó a turbarle su consuelo,

mirando al Perro, dijo:

-He reparado

que tienes el pescuezo algo pelado.

-Dime: ¿Qué es eso?

-Nada.

-Dímelo, por tu vida, camarada.

-No es más que la señal de la cadena;

pero no me da pena,

pues aunque inquieto

a ella estoy sujeto,

me sueltan cuando comen mis señores,

recíbanme a sus pies con mil amores:

ya me tiran el pan, ya la tajada,

y todo aquello que les desagrada;

éste lo mal asado,

aquel un hueso poco descarnado;

y aun un glotón, que todo se lo traga,

a lo menos me halaga,

pasándome la mano por el lomo;

yo meneo la cola, callo y como.

-Todo eso es bueno, yo te lo confieso;

pero por fin y postre tú estás preso:

jamás sales de casa,

ni puedes ver lo que en el pueblo pasa.

-Es así.

-Pues, amigo,

la amada libertad que yo consigo

no he de trocarla de manera alguna

por tu abundante y próspera fortuna.

Marcha, marcha a vivir encarcelado;

no serás envidiado

de quien pasea el campo libremente,

aunque tú comas tan glotonamente

pan, tajadas, y huesos; porque al cabo,

no hay bocado en sazón para un esclavo.


                                       


HUELLAS EN LA ARENA


Una noche soñe que caminaba a lo largo de una playa acompañada por Dios
Durante la caminata muchas escenas de mi vida fueron proyectandose en la pantalla del cielo.
Segun iban pasando cada una de esas escenas notaba que unas huellas se formaban en la arena.
Aveces aparecian dos pares de huellas, en otras solamente aparecian un par de ellas.
eso me preocupo grandemente porque pude notar que durante las escenas que reflejaban etapas tristes en mi vida, cuando me hallaba sufriendo de angustia, penas o derrotas, solamente podia ver un par de huellas en la arena.

Entonces le dije a Dios:

"Señor, tu me prometistes que si te seguia tu caminarias siempre a mi lado.

Sin embargo, he notado que durante los momentos mas dificiles de mi vida solo habia un par de huellas en la arena", " Porque cuando mas te necesitaba no estuvistes caminando a mi lado?".

El SEÑOR contestó…“hijo mío, te amo y nunca te deje solo Durante las épocas de amargura y sufrimiento que viviste,Cuando ves solamente un par de huellas,…No caminabas solo,…Era yo que te llevaba cargado en mis brazos.