4/8/11

Relatos...Prosa...Reflexión




Caer puede ser un accidente, pero levantarse es un acto de libre albedrío, un reto que lanzas a la Ley de la Gravedad.

Hay quienes prefieren no evitar la caída y en el descenso encuentran un extraño placer al que nombran subida de adrenalina; no puedo asegurarte que sea cierto, ninguna de mis caídas ha sido controlada, sólo he tenido consciencia de ellas cuando he mordido el polvo y el grito de aviso ha llegado demasiado tarde.

A los golpes que recibes cuando caes les suelen llamar enseñanzas y al conjunto de dolorosos cardenales que te marcan el cuerpo le denominan experiencia. Sea cual fuere el eufemismo que escojas, esos batacazos duelen, y no te engañes: por muchas de esas enseñanzas que recibas, te seguirán doliendo y toda tu experiencia no te hace inmune a los traspiés, cuando más aprenderás a conservar la frente indemne y eso es suficiente, porque un golpe en la dignidad podría aniquilarte.

Al levantarte no intentes disimular, es inútil, aunque para ti el tropiezo no tenga nada de cómico, inexplicablemente en los demás provoca risa. Personalmente, en ese apartado no me incluyas.

Un punto fundamental: recuerda bien el rostro de quién se detuvo a tu lado. Alguien que te ayuda a incorporarte merece al menos un nombre, una mirada, un gesto cualquiera que lo despoje del anonimato.

No existe consenso sobre el número de caídas permitidas. Por desgracia, la mayoría te recordará como quien resbaló y cayó; otros, los menos ciertamente, asociarán tu figura con el difícil arte de mantenerse en pie.

Tal vez después de esto pienses que mejor es no moverse para no tentar las piedras, mas te equivocas: el pozo más profundo no es donde caemos sino aquel del que no intentamos salir.

Has de caminar, aún sabiendo que formas parte de la única especie que padece amnesia crónica, se tuerce el tobillo una y otra vez en el mismo agujero y es capaz de ponerse con su propio pie la zancadilla.

Ahora puedes continuar tu camino, y vigila el paso, que los adoquines son resbaladizos.

http://lavocal.blogspot.com/



No te rindas


Pinta lo gris de verde esperanza,
pues los derrotistas nunca ganan,
los vencedores no se acobardan,
encarcela al miedo y sus fantasmas.

Lucha para ganar la carrera,
a las ideas negras, córtale alas;
no te rindas ante marea brava
pues la línea de meta te espera.

Cual trepadora asida a un roble
en la tormenta cíñete el lomo
y no habrá viento que te doble.

No temas al destino azaroso,
del camino derriba los topes,
confía en Dios Todopoderoso.





La sangre de mis días


Un nuevo amanecer se clava en mis pupilas. Nos miramos de frente sin retarnos, solamente sabiéndonos aquí y ahora. Somos algo cómplices en el desarrollo de las horas; ambos adoramos  salir a recibirlas.
A veces odio esta manía mía de ser tan diligente dando la bienvenida a los primeros síntomas de luz diurna. Mis párpados, prestos a abrirse, son felices atrapando luminosidades tenues, acechantes tras los cristales, preparadas para elaborarme un collar de sucesos, probablemente rutinarios.
Lo imagino tejiendo una tela de araña pegajosa en la que me atrapa, me confunde, me devora hasta fundirme e introducirme en sus fauces. Soy la sangre del día, recorro milímetro a milímetro su incorpórea presencia  haciéndolo vivir siendo yo la que lo sustenta.
Al fin, diluida en él, somos uno.
Una barca imaginaria en el río rojo de una vida que no es otra que la mía.
Si dejase que ese mundo onírico tan placentero como olvidadizo me robara parte de esta luz amaneciente, el recorrido sanguíneo sería  una pantomima, tan rápido, tan cargado de transeúntes que apenas podría disfrutar del paisaje.
Y yo… amo los paisajes con los seres justos, con la soledad amiga, con los pensamientos jugando al corro conmigo, con el alma volando y el corazón al galope por la pradera de mis sentidos…

Les dejo sus Web para que las visiten, son caricias para el alma.