12/9/15

Pepe garcía resille

Habitaba la noche
 
Habitaba la noche encendida
apagando destellos de la memoria.
Recuerdos como ascuas: rostros,
fechas, lugares.
Cuerpos amados sin tregua
aparecían ya desfigurados, pura nada.
Labios sólo nuestros
vuelven ahora como duros reproches;
no puedo besarte,
no llegamos al abrazo,
no alcanzo tu piel ni rozo tu deseo.
Habito esta soledad concreta,
Hecha con todo lo que era tuyo,
y ya no tengo.
Te echo de menos
mientras tú, sin saberlo, agitas este fuego
que me consume.


Autor: Pepe Garcia Resille
Poemas rescatados
Sevilla, 21 de mayo de 2015 / foto: JGR
 
 
 
 
 
Tiempo de esperar 
No hay sosiego bajo los párpados espesos de la noche,
triunfo amargo de las horas vacías.
Vengo de la nada, sin más ropaje
ni más edades, ni más afán que tu presente.
Que seas tú la paz que me falta
es la misma angustia
que  mantiene paralizada mi vida,
vida que no se sostiene en si misma,
ni siquiera emprende el vuelo de la mañana.
Es el tiempo que pasa, me dices,
y lo sé: es el tiempo que pasa
y resbala lentamente sobre  citas
y promesas inacabadas,
sobre los encuentros fugaces y feroces.
Y aún no he aprendido a vivir,
y lo descubro tarde, a tiro de piedra
de tu horizonte. Pero estoy en ello.
No debo quejarme, nadie ha sido tan feliz
y nadie podría contar lo que aprendí de tí.
No hay sosiego, eso sí es firme.
Queda por delante esta escena única:
estoy ante un tiempo que se alimenta
de la misma sustancia de mis sueños.

Pepe García Resille
tiempo de esperar
Sevilla, 18 de agosto de 2014 /foto: ARG
 
 
 


Tiempos de esperanza 
Un atajo delgado y vertiginoso
me separa de la primera luz del día,
pero no quiero recorrerlo.
Una distancia mínima separa el dolor
del abismo que no conoce el amanecer
porque no cree en el futuro.
Miro de frente esta distancia,
hago cálculos y resulta insalvable.
Mañana es un espacio no real,
solo mensurable a partir de la esperanza.
Pero me falta una vista más amplia,
una visión más extensa,
que alcance hasta unas horas más allá.
Te escribo desde el deseo,
te pienso desde esta nada
que me crece en medio del pecho.
El dolor no es tanto no vivir mañana
como no apurar tu abrazo en esta noche infame;
vivir no es coleccionar tiempo,
ya tengo mucho guardado y no vivido...
Un atajo limpio como una herida
media entre tu olvido y mi vida cotidiana.
Pero no quiero recorrer esta distancia mínima
que separa mi vida real contigo
de este día que agoniza con los fríos de enero.
No eres tú ese recorte del camino que recorro
sin fe y sin salida. Tú eres mucho más,
no hay caminos en ti, no te acecha la duda.
Por eso te escribo, porque sé
que si llego a mañana, te deberé un milagro.
Otro más...


Pepe García Resille
tiempos de esperanza.
Sevilla, 26 de enero de 2015
 
 
 
 

El futuro desconocido
 
Allí dormía, en el fondo del agua, oscuro,
alejado del tiempo, liberado del tiempo, ajeno a ti.
Estaba en el agua, en la memoria limpia,
mientras contaba los días cumplidos
y negaba los que aún me vivirían.
Pero he despertado al roce de tu mirada,
de una luz tan fría como un deseo inconfesable.
Vengo del vacío cotidiano que tanto había buscado,
de la soledad aprendida ya en el patio del colegio.
Me esperaban tus ojos, y me anunciaban
el milagro de volver a vivir. Sólo faltaban mis manos,
sólo mis manos, para agarrar ese sueño
ahora libre del tiempo pero no ajeno a ti.
Estás tan real como el aire que ilumina la casa,
estás aquí de nuevo y ya sostienes el mañana
obra completa de tu deseo. Y que acabas de regalarme.
Vuelves sabedora del escaso interés que tengo por vivir,
un deseo te guía hacia una luz, hacia un signo quizá,
tal vez el rostro amado de un hombre joven
que te amó tan intensamente que naufragó en su empeño.
Allí duerme, en el fondo del agua, oscuro,
alejado del tiempo, ajeno a ti.
Y hoy tu mirada ha despertado el sueño
de este hombre que ya ni te reconoce.
Somos dos desconocidos.


Pepe García Resille
El futuro desconocido
Sevilla, 8 de septiembre de 2015
 
 
 
 
Para Ianus Bröönco, en el recuerdo 
El tren cruza el vientre de la noche,
abierta sin pudor a los fantasmas
que pueblan mi conciencia.
Va quemando pueblos y ciudades,
caseríos aislados, vidas truncadas
y seres huraños  que me acompañan
en este viaje sin alma hacia el sueño.
Se queja la noche de tanto olvido
mientras nosotros, sus viajeros,                   
navegamos por el río incansable de la memoria.
Por un instante, detiene su marcha
este tren que me lleva; un respiro tan solo,
busco una mirada en un andén desolado                  
donde un ángel espera impasible,
con los ojos buscando la mañana.
Me sonríe sin ganas y le respondo
dibujando otra sonrisa sobre la ventanilla helada.
Nos alejamos, nos perdemos en la oscuridad,
ella bajo el único farol de la estación
y yo bajo sospecha. No volveremos a vernos,
pienso, mientras el tren avanza noche arriba
hacia un día que debería ser distinto a todos.
Es la promesa recurrente que aspira
a ser cierta cuando mañana despierte
ante los ojos del mundo –que me observará incrédulo.
El tren cruza las tripas de la noche,
y su ceguera mecánica avanza
llevando nuestras vidas, maltratadas y sublimes,
a puerto seguro en alguna geografía
sólo conocida por nuestro deseo de alcanzarlo.
La noche se despide de sus viajeros
con el abrazo cómplice de quien conoce
todos nuestros secretos.


Pepe García Resille
Para Ianus Bröönco, en el recuerdo.
Sevilla, 14 de abril de 2015
 
 
 

Difícil Diagnóstico
 
Baja la sangre tan limpia
¿Por qué baja la sangre tan limpia?
¿Es que la muerte se anuncia,
transparente, como agua de invierno que se funde?

No me queda vida ya
entre estas cuatro paredes de puro hueso...

¿Por qué quiero hoy sentarme a tu sombra
y poner mis ojos en tu recuerdo?
Poco me queda, y menos aún dentro de un rato
cuando olvide incluso tu nombre.

He vivido, es cierto, aunque
nunca es suficiente.

De pronto, estás aquí  como entonces.
Siento tu presencia quemando mis sueños,
y no consigo adelantar un sólo día
sin ese reproche. Eres un gesto mudo,
el beso pendiente, la caricia esquiva.
Habitas mi tiempo llenando de olvido
cada día que no vivo a tu lado.
Me descubres la cara oscura del tiempo
que no es más que deseo insatisfecho;
deseos talados desde  la raíz,
citas,  nombre, encuentros escurridizos
que ahora vuelven como sangre envenenada.
Tú eres el tiempo que me ahoga,
el tiempo que me falta,
el tiempo que fatiga tanta espera.
Y una vez más me siento a tu sombra,

Pepe Garcia Resille
Difícil Diagnóstico
Sevilla, agosto de 2012
 
 
 
 
 

Después de una cita



Las calles, cómplices, me sonríen,
me llevan, saben a dónde voy.
Hay una hora señalada en la piel de la noche,
desde ella me llamas al abrigo  de tus brazos.
Me envuelves con tu mirada primero,
luego son tus manos, y ahora
este beso tuyo es el punto de partida.
Vengo de la soledad, llego a ti
traído por el miedo y el deseo. Descubres
mi ansiedad y abres de par en par esta carne que te llama.
Acabamos de empezar un rito antiguo
uniendo la realidad y el deseo,
apurando la poca ternura que nos queda
para no caer de nuevo en el vacío que nos lleva.
Vengo de la soledad para encontrarme en tu boca,
en tu  abrazo calculado; para rendirme deshabitado ya
y entregarme sin cálculo ni pasión a esta farsa
que nos redime. Volveremos noche arriba
radiantes gracias a este amor de saldo;
me salvarás esta noche, y mi corazón te sonríe
mientras mis manos agradecen tanta entrega.
Acaricio este sueño que duerme sobre tu piel
mientras la mañana vigila desde hace rato
asomada a la rutina de nuestras vidas.
Volveremos calle arriba, cada uno a lo suyo;
la ciudad también ha despertado
y duermen ahora los instintos más oscuros de la gente.
También los míos, atados ya con el dogal
que anoche inventaron tus brazos.
Vuelvo a casa.


Pepe García Resille
Poema después de una cita
Sevilla, 19 de mayo de 2015 / 
 

 
 
El naufragio

Me busca la tierra, me llama
desde el fondo azul de una mirada,
y acudo a su encuentro temeroso.
He repartido el tiempo entre un pasado que no acaba
y un futuro que no llega. En medio
este ahora que me traen tus ojos,
el deseo anhelante y limpio que incendia la mañana.
Me busca el miedo
y me encuentra atado a tu pecho,
abrazado a la dulce esperanza de tu boca.
No quiero perder la única razón de ser
que mantiene mi existencia en vilo,
en lucha permanente entre el dolor y tu promesa.
No puedo entregar sueños y verdades,
ni tampoco segar el tallo de la sangre.
Me busca la tierra, me llama
insistente, con la fuerza enferma del moribundo.
Respiro dulzura en tus labios
mientras el corazón asiste impasible
a esta ceremonia arcaica de enterrar el alma en la nada.
Me destruyo con entusiasmo calculado
mientras tú levantas tu sonrisa
entre mi cobardía y el horizonte que me has prometido.
Me llama la tierra con su voz antigua
llena de sortilegios oscuros. Pero tú
me tienes atado a tu pecho,
abrazado a tu ser, último anclaje de un hombre que se hunde.
Me llama la tierra, pero no quiero
oír su llamada ni su canto inmisericorde.
Me quedo contigo, mientras  el cuerpo aguante.


Pepe García Resille
El naufragio
Sevilla, 10 de abril de 2015
 
 
 
 
Pepe está atontao 
Si he de atarme, al menos
que sean tus manos las que me pongan grilletes;
sea tu boca la que cierre la mía a toda queja;
que tus labios cierren los míos,
que sean tus ojos la última luz que yo contemple.
Si he de atarme, no quiero
otra celda que tu abrazo,
ni espero más libertad que tu deseo...
Si no tengo más que este presidio,
prefiero cumplir en tu corazón mi condena;
sean tus labios mi horizonte,
y vengan tus manos cada noche
a soltar al preso y que duerma a pierna suelta.
Siendo así, condenado como estoy desde ayer mismo,
me sobra la libertad, no me preocupa estar preso...
Preso quedaré, detenido sobre tu piel,
arrestado únicamente por tu abrazo,
viviré si tú quieres atado de por vida
cumpliendo la condena que me impones
con sólo haberme mirado un instante:
         Tiempo suficiente para aceptar tu veredicto;
         reo de mí mismo,
preso entre tus manos, atado siempre
a último deseo que traduce tu sonrisa.
Aquí me tienes, atado a tu sombra,
dispuesto desde el tiempo a caminar
a tu vera como quien no tiene destino
ni futuro ni ganas de imaginarlo.
Sin otro fin que amarte.


Pepe Garcia Resille
Pepe está atontao...
Sevilla, 2 de junio de 2015
 
 
Un día grande
 
Es el aire que me lleva
sin rozar siquiera la angustia pasada,
me eleva y sostiene, cálido como un abrazo,
dulce como el amor que me espera.
¡Qué radiantes los rostros, los ojos que observan
mi vuelo! Sólo hay luz, lejos
se hunden los peores tormentos,
vivo ahora del aire...Respiro luz esta mañana,
la calle, el calor impertinente de la primavera,
todos se acercan a estrechar mi mano
y darme la bienvenida a un mundo ya olvidado.
Están conmigo, me sonríen las promesas
que descubro a cada paso; me saluda
el deseo que dejé inconcluso sobre tu piel,
y vuelo de nuevo a casa, llevado por el aire.
No debo tardar, no quiero retrasarme
ahora que todo se cumple,
ahora que la vida me despierta
y me apremia, me exige y me acaricia.
Es el aire que me lleva,
para que todos sepan y vean
que he vuelto a la vida,
que vuelvo a la casa tanto tiempo vacía;
alto, ligero como el aire, voy soñando
y soñando me acerco a ti,
al abrazo imprescindible,
a los besos que aguardan celosos
desde el tiempo difícil y oscuro.
Hoy, son todo luz. Hoy,
son todos nuestros. Hoy somos aire,
hoy somos luz. Por fin, vuelvo a la vida.

Pepe García resille
Un día grande
Sevilla, 8 de mayo de 2015 / foto: ARG
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