20/3/10

Alfredo Zitarrosa



Yo Sé Quien Soy


Caña de azúcar, caña de azúcar,
¿por qué no endulzas el cañaveral?
Amargo mar.


Las hojas secas, las hojas secas,
Las hojas secas del cañaveral
Ardiendo están.


Machete hermano, las cañas negras,
Las cañas negras tendrás que voltear.
Hay que cortar.


Todo picado, negro y barcino
Sudando a chorros como un animal.
Yo sé quién soy.


Me cae la sombra desde el sombrero,
Me cae la sombra como un antifaz.
Yo sé quién soy.


Ay, los riñones que se me parten,
Que se me parten por menos de un real.
Hay que cortar.


Caña de azúcar, caña de azúcar,
¿por qué no endulzas el cañaveral?
Amargo mar.


Machete hermano, mañana al alba
Saldré temprano hacia el cañaveral.
Yo sé quién soy.


Y si no vuelvo, caña de azúcar,
Machete en mano yo sé dónde ir.
Mirá que sí.





La Cuna


Si yo supiera de qué selva vino
el árbol vigoroso que dio el cedro
para tornear la cuna de mi hijo.
Quisiera bendecir su nombre exótico,
quisiera adivinar bajo qué cielo,
bajo qué brisa fue creciendo lento
el árbol que nació con el destino
de ser tan puro y diminuto lecho.


Árbol inmenso, que te hiciste humilde
para acunar a un niño entre tus gajos,
haz de mecer los hijos de mis hijos,
toda mi raza dormirá en tus brazos.


A veces mientras duerme el pequeñuelo
evoco una historia que pudo sucederle:
tal vez bajo su copa en otro tiempo
una madre cobriza amantaba un niño
bajo el cedro amparador de nidos,
de tardecita, cuando el viejo árbol
se llenaba de pájaros con sueños
de música, de arrullos y de píos.


Árbol inmenso, que te hiciste humilde
para acunar a un niño entre tus gajos,
haz de mecer los hijos de mis hijos,
toda mi raza dormirá en tus brazos.




Canción De Los Horneros


En la cumbrera ‘e mi rancho
anidaron dos horneros,
y yo parezco un extraño
y el rancho parece de ellos.


Dentro solo, salgo solo,
siempre solo voy y vengo,
los hallo juntos po' el campo
y el campo parece de ellos.


Juntos trabajan y cantan
y tuito lo hacen contentos,
yo no sé si a mí me miran
con lástima o con desprecio.


Ni se asustan cuando paso,
como si yo juera un perro,
que no estorbo ni hago daño
y me dejan que ande suelto.


Ansina vivo en mi rancho
dende que solo me veo,
enantes otro era el nido
y el mundo parecía nuestro.


Rogale a Dios, hornerito,
que no te pase lo mesmo.




La Pobreza De Los Pobres


Mi Patria Grande es el hombre,

mi dios es su corazón,
la pobreza de los pobres
dice que tengo razón.


Cuánta pobreza dijeran
un cura y un sacristán,
que sólo a Cristo le dieran
la sacristía y el altar.


Mudo caracol, un hueco
donde resuena la mar,
pobre tu verso reseco,
dijeran, por no abundar.


Pero al pobre verso mío
lo riman mis compañeros,
llámense curas obreros
o asalariados impíos.


Porque sólo es pobre el pobre,
pobre de solemnidad,
el que no sabe si pone
o saca lo que le dan.


La pobreza de los pobres
no es cosa de saca y pon,
son tres lágrimas salobres:
milonga, candombe y son.


Mi Patria Grande es el hombre,
mi dios es su corazón,
la pobreza de los pobres
dice que tengo razón.


Porque lo que guarda el pobre
con ser poco es mucho más
de lo que parece guardado,
honor y fraternidad.

El tiempo dirá...




Canto De Nadie

Milonga, estabas temblando

en mi corazón;
acurrucadita como un niño
acostumbrado al dolor.


Carne de otras milongas, vos sos,
canto de nadie
y en el mismo aire
te crecen dos alas de consolación.


Llena de hondos silencios
memoria cruel del amor,
sos mi flor de cartón,
rosa entregada con cada canción.


Milonga, aquí en la guitarra,
estrujándola,
hay una mano blanca
que viola y arranca tu rosa y se va.


Fue tan fácil robarte esa flor
que ni la mira;
la huele y la tira,
sus ansias suspiran por otra mejor.


Muñequita de alambre,
tu emocionada canción
no es más que una ilusión,
sangre sin hambre, dolor sin dolor.


Gajito de enredadera,
milonga fiel,
ya no hay quien te quiera,
no es de primavera tu flor de papel.



Canción Para Un Niño


Niño que ya no naciste, dónde te fuiste.

Yo ya te amaba, sangre empezada,
Muerte olvidada.
Canto de nadie, sombra que nace,
Que alguien te abrace.


Crece a la sombra de un árbol, la flor del cardo,
Rojo y ceniza, flor que lastima,
Duerme tranquila.
Cuando se seque flor amarilla,
Será semilla.


Niño no digas adónde tu alma se esconde.
Cuando te nombro tu madre llora,
Quién la enamora.
Será más tuya, sangre que crece,
Cuando regrese.





La Canción Y El Poema


Hoy que el tiempo ya pasó,

hoy que ya pasó la vida,
hoy que me río si pienso,
hoy que olvidé aquellos días,
no sé por qué me despierto
algunas noches vacías
oyendo una voz que canta
y que, tal vez, es la mía.

Quisiera morir –ahora– de amor,
para que supieras
cómo y cuánto te quería,
quisiera morir, quisiera... de amor,
para que supieras...

Algunas noches de paz,
–si es que las hay todavía–
pasando como sin mí
por esas calles vacías,
entre la sombra acechante
y un triste olor de glicinas,
escucho una voz que canta
y que, tal vez, es la mía.

Quisiera morir –ahora– de amor,
para que supieras

cómo y cuánto te quería;
quisiera morir, quisiera... de amor,
para que supieras...