8/7/15

Menos mal que existe Italia

 
 
Parece casi imposible que exista Italia,
Ese estrecho acanalamiento de la vida hacia el cielo
Que, sin embargo, no provoca dejar el suelo.

De cuento, que en colinas de Toscana
Descansen pardos leones majestuosos
Soñando con blanquiverdes gacelas.
Menos mal que en cuadrados garibaldianos
Las casas van vestidas de domingo
Sin perder la traviesa inocencia
De quien sale a la calle con alegría.
Que entre tierra y mar el ocaso
Compactó una maravilla perezosa
De calli de luz con melenas de agua,
O la señora agua creó un palacio para su servicio.
Menos mal que existe esa excepción
De belleza sin medida en la medianía humana
Y así el sueño loco puede hallar su espacio
Y la esperanza sentir una aprensión incrédula
Al notar que no está decepcionada.
 
 

 

Los niños se desbordan
 
Los niños, cuando desborda
La angustia, el dolor, como un agua
Vertida demasiado rápido en el vaso,
Producen en seguida el reflejo de respuesta:
El lloro angustioso, el hipo, la autopena.
Luego no dejará rastro porque es lanzado
Diurno al aire que pasa.
Pero al adulto se le aposenta,
Testigo de mirada atenta.
Y su llanto le juzga
Sin palabras y el adulto se las pone,
Las adecuadas: fracaso.
 
Estamos demasiado bien envueltos
Con paños doblados y anudados
Aparentemente anodinos.
En ellos recogemos nuestro nombre
Y atributos, para que no se nos derramen.
Y el dolor atraemos sin gota que se escape.
 
 



 
 Es por la diferencia
 
Es por la diferencia por donde
Se cuela la vida.
Es la amable y traicionera
Diferencia la que regala
Vías, ventanas,
La que atrayéndonos con su traje
De igualdad,
Nos turba desnudando
Su otredad.
Y mientras nuestro racional se columpia
En las barras fijadas previamente,
El tiempo cambia, el suelo se aleja,
La corriente nos regala un bulto
Que hay coger soltándose de ambas manos.
 
Poema de mi libro "Espada de sentido"
 


 
  
Un soneto, en los días del pasado
 
Un soneto, en los días del pasado
En los que el sol no daba alternativas
Y era pesado como los objetos
Que fijaban el curso de la vida,
 Las noches eran sombra pavorosa
Y los días, reto sin garantías...
Era como el oro y los cuentos:
Herramienta de mágica subida;
 Era hacer, con ayuda de los dedos,
Con la masa corriente de los días,
Un fideo más fino en los tercetos,
 Una luz de artificio con conceptos
(Ya teníamos el pan de cada día),
Polvo de solimán o brujería.
 

 
Dolor de amor
 
No quieres perder la carne exquisita
Que está metida entre la grasa.
No sueltas el dolor, que es real,
Por las emociones gozosas que están
Incrustadas en él
- Sin poder liberarse ni dialogar con él -
Y que son realidad virtual.
Eso, curiosamente, significa
Que el éxtasis puede más que la tortura,
Que estamos dispuestos a afrontar un infierno
Sin garantías
Por el brillo de algo que alimenta nuestra alma
Detrás del biombo negro,
Y que - sin espacio ahora para gozarlo -
Sabemos que es cielo.
 
Sus palabras, sus obras, son maniobras de guerra
En un campo chamuscado.
Pero, ¡ay!, por encima brilla el sol
De sus ojos.

 
Haikus castellanos
 
Llega el otoño:
El aire ahora madruga
Hasta muy tarde.
 ***
Pájaros cantan
Al sol del mediodía
Y nos desmayan.
 ***
Tormenta en pueblo,
Bajita, bulliciosa,
¡Pero tan triste!
 ***
Noche en verano:
Se viste el infinito
De aire cercano.
 ***
Lluvia de otoño.
Bebo las seriedades
Tonificantes.
 

 
 
Cosquillas, caricias, besos
 
Menos mal que existen las cosquillas
Menos mal que existen las caricias
Menos mal que existen los besos en los labios.
 
Cuando parecía, ya adultos, que todo lo que existe
Es el ruido inmutable del torrente sabido de egoísmo,
Del blanco y negro de vulgaridad;
Cuando parecía que la gente era solo esa dualidad
De una polaroid de flor para el escaparate
Y el juego de fauces, venenos y carroñerismo
De la lucha por la vida
En un infinito segundo plano;
 
De algún sitio salen las cosquillas,
Que no desmienten lo anterior, pero ofrecen
Una tan diminuta como rotunda prueba
De que el otro puede llegar fuerte a nosotros
Y descontrolarnos para ofrecer algo de cielo,
Un algo no adulto, calculado:
No un fajo de mil euros,
No un helado de mil calorías,
Sino un desenterramiento súbito
De una felicidad redonda
Del tamaño ideal para nosotros
(O nosotros somos capaces
De ser el tamaño pequeño
De esa felicidad intensa).
 
Cuando llega el beso
Saltamos de tierra firme de pronto
Y - debemos confesar - a pesar del placer
Sentimos alivio de comprobar
Que volvemos al suelo un segundo más tarde.
 
Y en la caricia
Nos dejamos gobernar por la mano de la vida,
Que, suave, agarra firme nuestra quilla,
Solo hasta que nuestro pensamiento llega para alcanzarla
Y sobrepasarla
Y dejar de sentirla.
 
Nuestras historias son de finales tristes,
De presentes como muros
Justo enfrente de la cara
Y de pánico de humanos como bólidos
Amenazando arrollarnos con dureza y alejarse.
Hasta el deseo lo ensamblamos con cálculo.
Pero en algún punto no unido con el resto,
En algún sinsentido del sinsentido,
Somos beso, caricia y cosquilla
El uno con el otro.

                       


                            
Vivieron tantos poetas
 
Entre las cuatro paredes estrechas
De la pobreza, la soledad, las constricciones,
El vacío de todo lo que alimenta el alma,
Vivieron tantos poetas
 
Y heroicamente estallaron sus bombas
De luz, libertad, anchura,
De consecuencia sin compromisos;
Y vivieron en su mancha de sangre en la pared,
En los ojos delirantes que desde el cuerpo vencido
La contemplaban.
 

 
Mientras te abrazaba
 
Un arpón que clavaba en la vida
Era mi beso
Todo el paisaje del sitio acertado
Era tu olor
Mi piel poseída al fin
Era tu piel acompañando tranquila
Toda la luz que tumbaba palabras
Y bolardos de miedo
Era el temblor de tu risa
Mientras te abrazaba.
 

 
 Trampa para ratón
 
 
La vida se puso a gozar
En su labio
Y crió un fruto jugoso
Con propiedades de ojo.
 
Jugó a deslizarse
Por sus mejillas
Y las untó de mantequilla
Para el beso.
 
Un suspiro salía y no salía
De su cintura a su boca
Y acariciaba sus flancos
Con estremecimientos
Fríos y ardientes
De primavera.
 
La vida, al cabo, rompió
En sus ojos,
Y fue intensa muerte de líquido verde,
Fue implacable la vida de cuchillo de plata.
 
Eterna la escopeta de pupila negra
Con grillete de labio
Y paredes encaladas de piel.
 

 
El quimérico frío
 
El quimérico frío
Silencioso, primero aprehensible por la mente;
Alimento para la mente.
Hoy, de repente, está detrás de esa ventana
Y la mente sabe, con placer masoquista,
Austero,
Que nos vamos a hundir en él
Que  nos  va a  maridar  no  sabemos desde qué  momento
Con no sentida cópula
(Como la novia no sabemos
Con el que su lado ya frecuenta)
Pero inexorable, como un destino
(Eso que no podemos ahora, que nos flota
Por encima, un destino).
Como una sucesión  de palabras formarán fatalmente un golpe
Completo.
El quimérico frío ha fecundado los objetos
De fuera: ¡Escucha su silencio!
Escucha a los objetos, que ya no irradian
Sino piensan.

 
Autor: Luis de la Rosa 
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